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Infierno en las Phi Phi

Las increíbles fotos de las islas Phi Phi que vimos por internet es de lo que más nos llamó la atención para ir a Phuket y de allí poder hacer una excursión a estas paradisiacas islas.

En el hotel, nos ofrecían la excursión por 3000 bahts y en los diferentes sitios de la calle por 1500 – 1800 bahts. ¿Cuál era la diferencia? ¿Porqué el doble de precio? Comparando los panfletos, vimos que, en principio, con la del hotel volvías una o dos horas más tarde y que cuando llegabas (además de la comida en las islas Phi Phi que todas ofrecían) había una barbacoa para cenar.

Nos decantamos por la más barata porque no veíamos muchas más diferencias.

Aparte, nos daba miedo el tiempo. Cuando llegamos a Phuket llovía y el taxista nos dijo que llevaban una semana con lluvias cada día y que el día siguiente sería igual. Después de mirar el tiempo previsto para el día siguiente, decidimos quedarnos en Phuket y conocer la isla. Teniendo tiempo de planear para otro día la excursión a las Phi Phi.

El día que nos quedamos en Phuket hizo muy buen día (las webs del tiempo no acertaron ni una) y encargamos la excursión no sin antes preguntar por el tiempo. ¿Si hace muy mal tiempo se anula? Sí, si no se puede hacer, se cambia de día.

Nos levantamos por la mañana y ya llovía, nos vino a buscar una furgoneta y seguía lloviendo. Tardamos una hora en llegar al puerto donde salían los barcos. Al llegar, llovía más y nos dijeron que fuéramos donde había la carpa con sillas. Todas ocupadas porque había muchísima gente. Allí había mínimo 100 personas.

Un organizador empezó a contar como se haría la excursión y dijo que había la posibilidad de que no paráramos en Maya Bay ya que cuando hace mal tiempo es peligroso y prohíben la entrada. Después de repetir mil veces que lo de Maya Bay no era su culpa y si no íbamos era por el tiempo, nos dividieron en grupos de más de 30 personas. También insisten en que alquiles aletas para los pies por 100 bahts ya que es peligroso ir sin ellas.

Entre la cantidad de gente, la lluvia, las cosas como estaban organizadas y, en general, toda la situación… pensé ¡Madre mía, donde nos hemos metido! Esto no tiene pinta de paradisiaco.

Con la esperanza de que mejoraría fuimos hacia la lancha. Justo antes de subir nos hicieron una foto, no sé para que (la única cosa que se me puede ocurrir ahora, visto lo visto, es para identificarnos si naufragábamos). No quiero ni imaginar como salimos con el diluvio, el chubasquero, el gorro, el viento que hacía…

En la lancha éramos unas 30 personas (demasiadas, hubo dos chicas que se sentaron en el suelo).

Al sentarnos, empezaron a repartirnos biodraminas y bolsas para vomitar. Nos advirtieron que las olas que saltaríamos serían de varios metros. ¡Bien! ¡Fiesta!

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Con una fe ciega a mi biodramina que yo ya me había tomado antes de subir, empezamos a movernos.

5 minutos.

Unos cuantos saltos y…

la lancha se paró.

Nos hicieron levantarnos, movernos para adelante para levantar los sillines y mirar el motor. No se encendía. Todo esto en mitad del mar y la lancha moviéndose. Mi imaginación, en estos casos, no tiene límite y ya me imaginaba estilo Tom Hanks en la película Náufrago.

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La verdad, no es que sea la persona más valiente del mundo.

En unos minutos (no sé cuanto tiempo porque estaba demasiado ocupada imaginando imágenes de naufragios) lo arreglaron y volvimos a arrancar.

Íbamos dando saltos y más saltos, hasta que mi barriga dijo hasta aquí. Vale, diréis, esta chica vomita mucho (ese día sí, no os quitare la razón), pero cuando levanté la cabeza y vi un 80% del barco vomitando supe que el problema no era solo mío.

¿El problema? La gran mayoría de personas vomitaron una vez y se les pasó, ¿y yo? Yo no podía parar, hubo un momento que todo el mundo me dio clínex, bolsas, toallitas… un desastre.

El momento de máximo esplendor del mareo, donde el 80% estaba con una bolsa en la boca, fue en Maya Bay, obviamente, no pudimos parar y nos la enseñaron de lejos. Yo solo levanté la cabeza, me mareé y volví con mi bolsa. Así que no, no vi ni Maya Bay, ni la playa, ni a Leonardo Di Caprio, ni nada.

Yo solo quería bajar, naufragar si hacia falta con tal de que se pasara el mareo.

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Pero no, aún no podíamos bajar y después que los cuatro afortunados que no se mareaban sacaran unas fotos de Maya Bay desde la lancha, nos dirigimos a otra zona para hacer snorkel. Creo que en aquel momento yo ya no sabía ni donde estaba, había vomitado tanto que hasta la cabeza se me iba. Horrible. Me tiraban agua congelada por todos lados: cabeza, cara, manos… Nunca antes me había mareado tanto.

Llegamos a no se que isla para hacer snorkel y tampoco podíamos bajar. Te dejan 30 minutos, te tiras desde la lancha, haces snorkel, vuelves a subir y a otra cosa.

Los 30 minutos más largos de todos. Parados pero sin dejar de movernos por la mala mar, mientras todo el mundo hacía snorkel, yo y tres personas más que no podíamos ni movernos estábamos en la lancha. La ladyboy que se encargaba de la excursión, muy amable conmigo, me trajo hielos y una Coca Cola con la esperanza que me sentara bien.

Pero no me sentó bien y solo moverse el barco, tuve que buscar más bolsas otra vez.

¿Cuándo bajaremos?

Pronto

¿Pronto? Pronto es hasta la hora de comer, sobre la 1 o 2 del mediodía.

Después del snorkel pararon a Monkey Island. Me dijeron que había monos, pero yo no los vi. No vi nada.

Y, así, entre mareo y mareo, llegamos a Koh Phi Phi Don, la isla más grande y donde tienen preparado unos sitios de comida en masa y tipo buffet para que coman todas las embarcaciones que van llegando. De lo mareada que estaba, me costó salir de la lancha, pero para que veáis como estaba la situación, una de las mujeres que también estaba mareada, al salir, perdió el conocimiento.

Pero visto lo visto, ¿como te atreves a volver a coger la lancha, parar a más islas y volver a Phuket? Yo no me veía capaz y todos los que estaban como yo, tampoco. Nos ofrecieron la posibilidad de volver directamente en un barco grande por 900 bahts cada uno (seguramente nos cobraron de más, pero no teníamos otra opción que pagar).

Nos acompañaron al barco y nos dijeron que en una hora estaríamos ya en Phuket. Sí, claro, una hora más dos. Tardamos casi una hora en salir, por mi mejor ya que en esa hora el barco estaba quieto y me dormí y, después, dos horas para llegar al puerto de Phuket. En algunos momentos notaba que el barco se movía mucho, según me dijeron las olas eran bastante grandes y el barco se movía de un lado a otro, pero yo, por suerte, dormí las dos horas. Ya no podía más.

El día fue horrible y solo vimos la zona donde llevan a la gente a comer en Phi Phi Don.

Por suerte, cogimos la excursión más barata porque las olas no se pueden cambiar y de la otra forma hubiéramos perdido el doble de dinero. En mi opinión, los días que hace mal tiempo y el mar esta así, no tendrían que hacer estas excursiones pero, claro, la cantidad de dinero que perderían hace que cueste mucho, pero que mucho, anularlas.

Después de ese día, cogimos “manía” a toda la zona de Phuket y nos arrepentíamos de no habernos quedado en las islas del golfo de Tailandia. Ya habíamos leído que a finales de agosto / principios de setiembre, siendo temporada de lluvias en todos lados, era mejor ir al golfo que a las islas del mar Andaman. Comprobamos que era verdad aunque mucha gente vaya y le encante, supongo que es cuestión de suerte.

Al día siguiente ya no nos atrevimos a hacer la excursión de la bahía de Phang Nga y la isla de James Bond. Una pena, porque teníamos muchas ganas de ir. Si volviese a Phuket, no volvería en estas épocas ni cogería esas excursiones.

Yo no recomiendo a nadie coger estas excursiones, pero, claro, mi opinión no es muy objetiva visto lo que me pasó. Seguro que hay gente que tiene buenas experiencias, aunque, si coges esta excursión ten en cuenta que no estarás solo. Todo esta lleno de embarcaciones y miles de turistas como si estuvieras en Las Ramblas.

Eso sí, sigo con la esperanza de pensar que si realmente vas en la temporada buena y cuando las embarcaciones se van, las Phi Phi merecen la pena.

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